Todos tenemos nuestras raíces, tanto las personas, como los árboles, o cualquier otro ser vivo. Luego vamos creciendo, poco a poco, como si nuestra vida fuera como el tronco de un árbol: sólido y que siempre va para arriba.
Llega un momento en el que hay que dar vida a otras personas, otros pequeños seres salen de nosotros, como unas ramitas que siempre serán parte de nuestras vidas y que hay que dejar florecer.
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